Inteligencia ecológica

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La Firma Invitada
Rusticae

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Hoy nuestra firma invitada Rusticae nos habla sobre la inteligencia ecológica.

Necesitamos de personajes conocidos y respetados para darnos cuenta de cosas evidentes. Ya lo ha venido demostrando el exvicepresidente Al Gore con sus películas An Inconvenient Truth y An Inconvenient Sequel sobre el cambio climático, y el psicólogo y escritor estadounidense Daniel Goleman, quien se hiciera famoso en 1995 con su superventas Inteligencia emocional, popularizando el término.

En dicho libro, Goleman fue pionero, desarrollando el significado de la inteligencia ecológica; es decir, la capacidad de vivir tratando de dañar lo menos posible la naturaleza. En realidad, lo que hace Goleman es exponer de forma estructurada el fenómeno y hacer una lectura amena de algo que en principio pudiera parecer farragoso. Y eso es de agradecer porque acerca la ciencia al ciudadano y populariza conceptos importantes para todos, relacionándolos con el consumo personal.

Está claro que muchas empresas ya invierten en mejorar sus procesos y hacerlos sostenibles en la medida que los consumidores cada vez ponen más en valor este aspecto de su labor. En países del norte de Europa, en Reino Unido, en Estados Unidos, y en España creciendo a pasos agigantados en los últimos tiempos, cada vez hay más consumidores que consumen productos Ecológicos y se informan de si lo que compran se fabrica respetando el medio ambiente.

En España, la paradoja es que pese a ser el mayor productor europeo de este tipo de alimentos, el 90% de la producción se exporta a mercados de mayor demanda como Alemania, Países Bajos o el Reino Unido. La mayor barrera para la venta de estos productos es su precio, ya que los volúmenes de producción son menores, y hay productores y distribuidores que no invierten decididamente en producir de forma sostenible porque no ven la ventaja económica detrás de ello. Es el consumidor el que tiene que definir con su voto, ese que ejerce cada vez que va al supermercado, el que elige un producto u otro dependiendo de su conciencia ecológica. Las empresas se preocuparán más y más del tema cuando lo hagan los consumidores.

Normalmente existen dos razones principales para consumir productos ecológicos. La primera es pensando en nuestro beneficio propio, por el hecho de ser más saludables. Si somos lo que comemos, sería deseable que los alimentos no tuvieran ingredientes nocivos y fueran lo más naturales posibles. La segunda razón es altruista, pensando en el beneficio para el medio ambiente, que al final también revierte en beneficio propio pero cuya relación directa es más difícil de establecer.

Que cada uno lo haga por lo que quiera, o que no lo haga, pero estaría bien que por lo menos se informe, y cuando vaya a hacer la compra «vote» por sus mejores «candidatos».