Esto es todo lo que sé: Juan Vila (fundador y CEO de PlenEat)

Juan Vila CEO PlenEat

Esto es todo lo que sé: Juan Vila (fundador y CEO de PlenEat)

Nací en Cuenca hace 63 años. Cuando tenía diez, me mudé con mi familia de seis hermanos a Madrid. Me costó enormemente el paso de vivir en Cuenca, donde pasaba los días el campo, a venir a la gran capital, no sabía lo que era vivir en un piso. En definitiva, fue traumático, pero, a la larga, una buena decisión. 

Estudié Psicología del trabajo. Comencé a trabajar en selección y formación de personal. Aprendí de este periodo una lección vital: se me quedó para siempre la importancia de la gestión de los recursos humanos en una empresa y la idea de que tienes que ser diferente para no tener competencia.

Pasé por otras compañías siempre en selección y formación. Luego fui director de RRHH de una empresa de tecnología y ahí ya decidí que no trabajaba para nadie: o me hacía rico o me hacía hippie, pero nada entre medias. Lo segundo nunca llegué a tenerlo muy claro, así que cofundé una empresa haciendo un sistema de gestión de recursos humanos, Meta4. Tenía en la cabeza cómo hacer un sistema de gestión de recursos humanos; empezamos dos y terminamos siendo 1,200, saliendo a bolsa… Logré mi sueño, que era no trabajar.

Me compré casas, caballos todo lo que pensaba que me iba a hacer feliz. Ya no tenía que trabajar, me levantaba cada mañana en un palacio que era para verlo, preguntándome qué caballo montar y qué moto conducir, para al final quedarme leyendo el periódico, porque de tantas opciones ni sabía qué hacer.

Toqué el vacío existencial, tenía 42 años y me di cuenta que este mundo del dinero y las propiedades está vacío. Creía que si me llenaba de cosas, iba a ser feliz, pero no fue así. Si esto no era la vida, ¿qué era? Ahí empecé junto a mi mujer una búsqueda espiritual, tratando de encontrar el sentido de la vida. Empezamos a hacer meditación, meditación zen, psicoterapia, viajamos a la India… y aprendimos mucho de todo ello. 

Tuvimos una crisis, no sabíamos qué hacer, hasta que decidimos convertir nuestra casa, nuestro impresionante hogar, en un hotel y abrirlo para el disfrute de la gente. Nosotros nos dedicábamos a servir. Mi mujer era la cocinera y cultivaba todo lo que comían nuestros clientes, y yo el camarero. Fue una dimensión nueva, porque que una persona cultive, lo coja, lo cocine y lo dé a los clientes es una experiencia 360. Nuestro mundo era muy pequeño entonces, cada fin de semana venía gente, pero se reducía a eso, el trabajo del hotel. 

Sentía que había que hacer algo más. La gente que venía a comer al hotel siempre me contaba lo bien que les sentaba comer ecológico, hasta el punto de emocionarse al darse cuenta del el cambio de vida que les representaba. Pero luego volvían a la capital y querían seguir comiendo así sin saber adónde ir.

Un día paseando por las calles de Madrid vi varios restaurantes y vi claro que lo tenía que hacer para conservar la tierra —lo que a mí más me motiva— es dar de comer ecológico, porque cuando tú comes ecológico estás obligando al productor a que sea ecológico y estás limpiando la tierra de químicos. En el fondo el motivo último fue cuidar el planeta.

Todo PlenEat está hecho para que tenga su impacto en la Tierra. Creo que estamos destruyendo una maravilla y me hace sufrir, no vamos a dejar nada. El filme Avatar es demoledor: ves retratado cómo nos estamos cargando un planeta precioso por el maldito dinero. 

La primera piedra la puse abriendo un restaurante en Azca: Nest. Era un éxito a mediodía, pero en esa zona de negocios por la noche hay muy poca gente. Aprendí mucho: cómo la gente había aceptado lo ecológico, cómo estaba dispuesta a pagar un poco más y lo bien que le sentaba. Otra lección que me llevé es que las noches no son para mí; no quería ser hostelero. Ese no era el modelo, si quieres crecer mucho, un restaurante ya es complicado, ¡cómo para montar cien…! El modelo es una cocina central y desde ahí, ir a muchos sitios, abrir a las ocho, terminar a las cuatro.

Cuando estaba por vender el restaurante, apareció Carlota [Mateos] por el hotel, y, por una casualidad de la vida, le conté mi historia y mi idea de que cuando mucha gente come ecológico, alguien tendrá que producir esto, por qué no el pueblo, y dinamizar una zona rural, y yo que estoy en el pueblo y estoy viendo cómo se está muriendo, cada año se mueren cincuenta y nacen tres, o hacemos algo o todoesto se va a la mierda.

De ahí viene el proyecto «Campo-Ciudad», vamos a poner a los pueblos a producir ecológico para las ciudades. Carlota se embarcó completamente motivada por el proyecto y se convirtió en mi socia. Abrimos el primer córner en Meta4, la empresa que yo había fundado. Hablé con su director general y cuando le conté la historia me dijo, ya tenéis el primer cliente. Allí aprendimos, luego vendrían MásMóvil, Disney, Ericsson…

Los planes se van cumpliendo, en un año y medio hemos abierto 14 comedores de empresa, estamos a tope dando servicios de catering para reuniones y eventos y lanzando ya el piloto de la primera máquina de vending 100% BIO… Estoy plenamente satisfecho porque a mis 60 años encontré mi proyecto vital.