Por qué no utilizamos el microondas I

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Por qué no utilizamos el microondas I

En PlenEat nunca jamás cocinamos ni calentamos producto alguno en microondas. La rapidez y sencillez de uso son las ventajas que más se arguyen para su defensa, pero los inconvenientes son tan perjudiciales que bien merecen una reflexión. Hoy en Organic 360 comenzamos una serie de posts en los que te vamos a explicar las razones de la ausencia del microondas en nuestra cocina.

Si atendemos a la definición de este electrodoméstico que hace el DLE, nos encontramos con que es un «horno que, provisto de un sistema generador de ondas electromagnéticas de alta frecuencia, sirve para cocinar y especialmente para calentar con gran rapidez los alimentos». El microondas nació, como tantos otros inventos, fruto de la aplicación secundaria de una tecnología destinada a otros fines. Las microondas son utilizadas sobre todo para la difusión de TV, como radar para la ayuda a la navegación aérea y marítima, y para las telecomunicaciones, incluyendo los teléfonos móviles. Pero es su uso en las cocinas como horno lo que popularizó de manera definitiva las microondas.

El doctor Percy Spencer descubrió accidentalmente en 1946 que una chocolatina que tenía en su bolsillo se había derretido mientras probaba un tubo al vacío llamado magnetrón dentro de una investigación relacionada con el radar. Su proyecto derivó en el nacimiento del horno microondas.

En 1947 salía al mercado el primer horno comercial de microondas, pero no fue hasta los 70 cuando empezó a convertirse en un imprescindible en las cocinas del mundo desarrollado. Hoy en día, más del 90% de los hogares estadounidenses poseen uno y son muy pocos los restaurantes que renuncian a él.

Hertel (1992) afirmó que una hipótesis básica de la medicina natural establece que la introducción en el cuerpo de moléculas y energías a las que no está acostumbrado es probable que causen daño. Manifestó que la comida calentada en este electrodoméstico contiene tanto moléculas como energías que no están presentes en la comida si esta es cocinada de manera tradicional.

La energía de microondas del sol y de otras estrellas se basa en corriente directa. Sin embargo, Hertel argumentó que las microondas que se producen artificialmente, como las de los hornos microondas, se producen por corriente alterna y fuerzan mil millones o más de cambios de polaridad por segundo en cada molécula que golpean.

Por otro lado, investigadores rusos averiguaron que calentar en el microondas casi cualquier alimento —de carne a vegetales, pasando por granos— causa la formación de sustancias cancerígenas. Asimismo, la degradación estructural causada por las microondas llevó a la mayoría de alimentos a perder entre el 60% y el 90% de su valor nutricional.

Hertel halló además que la comida calentada en microondas no era segura al sufrir daño molecular. Según su investigación, al comerse, causa cambios significativos en la sangre y en el sistema inmunológico. Reduce el colesterol bueno y la vida útil de los glóbulos blancos y aumenta los niveles de leucocitos, los cuales indican el envenenamiento y daño celular.

Pero, ¿cómo afrontar la ausencia de este electrodoméstico en una cocina? Para calentar agua, puedes utilizar un hervidor, más eficiente y con él te evitas todos los perjuicios del microondas. Para calentar comidas, puedes usar un horno eléctrico, mucho más seguro.

Por esto y por otras razones que te iremos desgranando en próximos posts, en PlenEat no utilizamos el microondas.

Fuentes:

“Comparative Study of Food Prepared Conventionally and in the Microwave Oven”, Drs. Hans Hertel and Bernard Blanc, Raum & Zelt, 1992.

Neblett, Andrea. «Is the Microwave Bad for Your Health?» Is the Microwave Bad for Your Health? Quality Health, 8 July 2009. Web.