Vitamina C: todo lo que necesitas saber

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Vitamina C: todo lo que necesitas saber

La vitamina C nos es tan familiar que muchas veces no le prestamos la atención que merece. Sin embargo, si basas tu dieta en comida preparada y alimentos procesados, es probable que no obtengas toda la que necesitas. Casi cualquier alimento que contenga vitamina C (también conocida como ácido ascórbico) es aclamado como un alimento healthy, pero a veces no se trata más que de un truco de márketing…

La vitamina C es esencial para el crecimiento y la reparación de todos los tejidos del cuerpo humano. Ayuda a «fabricar» el colágeno, una importante proteína que es uno de los componentes básicos de la piel, además de a los cartílagos, los tendones, los ligamentos y los vasos sanguíneos. La vitamina C es necesaria también para que las heridas cicatricen adecuadamente y para mantener unos huesos y dientes sanos.

Por otro lado, la vitamina C es un potente antioxidante, que ayuda a proteger nuestras células, ADN y órganos de los radicales libres, subproductos peligrosos del metabolismo que pueden causar daños importantes en el organismo. Y, por si todo esto no fuera suficiente, gracias a la vitamina C el cuerpo absorbe mejor el hierro de los alimentos.

No es difícil obtener vitamina C si sigues una dieta saludable. No obstante, si tu dieta no es todo lo healthy que debería, o si fumas, puedes tener carencia de esta vitamina. En este caso, siempre es mejor obtenerla de los alimentos en lugar de adquirir suplementos. Y es que los alimentos que son ricos en vitamina C además nos proporcionan otros valiosos nutrientes.

Puedes obtener la dosis diaria recomendada de vitamina C (unos 40 mg para adultos, 50 mg en el caso de las mujeres embarazadas, entre 35 y 40 mg para adolescentes y entre 25 y 30 mg los niños) de manera sencilla y rápida comiendo una naranja, un pimiento, un kiwi, ocho fresas, 100 gramos de brócoli cocido o tan solo 50 gramos de brócoli crudo o 130 gramos de kale cocido. Otras buenas fuentes de vitamina C son los cítricos, la papaya, la piña, el melón, las fresas, las frambuesas, los arándanos, las grosellas, el kiwi, el mango, las coles de Bruselas, el repollo, la espinaca, los tomates y las patatas.

En cualquier caso, la vitamina C es muy sensible al calor y a la luz, por lo que es mejor comer los alimentos crudos o ligeramente cocidos para obtener el máximo posible de esta vitamina. Por ejemplo, si cocinas el brócoli al vapor durante 5 minutos, conservará la mayor parte de su contenido en vitamina C, pero si lo hierves hasta que quede blanco, perderá una parte considerable.